Café y té verde protegen el hígado de forma natural
El café y el té verde se consolidan como aliados inesperados en la protección del hígado, especialmente frente a enfermedades como el hígado graso, que afecta a uno de cada cuatro adultos en España. Esta condición suele ser silenciosa y progresiva, generando fibrosis, cirrosis o incluso cáncer hepático si no se controla a tiempo.
El origen del hígado graso puede ser metabólico, asociado a obesidad, resistencia a la insulina y consumo excesivo de azúcares, o alcohólico, vinculado al consumo de bebidas etílicas. La fructosa, presente en refrescos y alimentos ultraprocesados, aumenta la acumulación de grasa en el hígado.
El café se ha destacado por sus beneficios: disminuye las transaminasas, reduce la inflamación hepática y activa la autofagia, proceso que limpia células dañadas y protege el órgano. Estudios recientes incluso relacionan el consumo de tres o más tazas diarias con menor rigidez hepática, un indicador de fibrosis.
El té verde, gracias a sus catequinas y antioxidantes, también ayuda a reducir la grasa hepática, mejora el perfil lipídico y ejerce un efecto antiinflamatorio. Sus beneficios se observan en la infusión tradicional y no en extractos concentrados en cápsulas.
Aun así, ni el café ni el té verde son remedios milagrosos. La prevención del hígado graso requiere un estilo de vida saludable, que incluya dieta equilibrada, ejercicio, buen descanso, control del estrés y abstinencia de alcohol y tabaco. Pequeños hábitos cotidianos marcan la diferencia.
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